12 nov 2010

[Argentina] Empresas gestionadas por sus trabajadores sobreviven en Argentina

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BUENOS AIRES, 8 Nov, 2010 (IPS) – Después del colapso financiero y político de finales del 2001 en Argentina, miles de empresas fueron abandonadas por sus propietarios en un mar de deudas. Pero algunas de ellas fueron tomadas y reabiertas por sus empleados. Hoy, cuando la economía sigue creciendo, estas fábricas gestionadas por sus trabajadores siguen aún fuertes.
Hoy hay 205 empresas “recuperadas”, con un total de 9.362 trabajadores — en 2004 había 161 empresas con un total de 6.900 trabajadores, según un estudio publicado en Octubre.
“¿Cómo un fenómeno como este surgido como tabla de salvación tras el colapso económico de 2001 ha crecido en vez de haberse desvanecido en un periodo de boom económico?” se pregunta el autor del estudio, Andrés Ruggeri.
“Los trabajadores aprendieron que gestionar una compañía ellos mismos, es una alternativa viable para mantener la empresa operativa”, le comenta a IPS. “Esto era impensable antes”.
El estudio “Las Empresas Recuperadas en la Argentina. 2010″, fue llevado a cabo por un gran equipo de estudiantes voluntarios con el Programa de la Facultad Abierta de la Universidad de Buenos Aires.
El objetivo era el de dar datos para ayudar a diseñar políticas para reforzar y mejorar la auto-gestión de las empresas, dice el estudio, que se basa en una encuesta en profunidad de las empresas. Aunque hay algunos precedentes anteriores en la historia Argentina de los negocios en bancarrota que fueron reabiertos por sus trabajadores, son casos aislados.
Pero a consecuencia de la severa crisis económica de 2002-2003, las empresas gestionadas por los trabajadores comenzaron a surgir como setas en múltiples sectores, como la industria alimentaria, el acero, el textil, el calzado y las fábricas de plásticos, plantas de empaquetado de carne, manufactura de cerámica, vidrio y caucho, empresas de diseño gráfico, transporte, restaurantes, salud e incluso un hotel de cinco estrellas.
Las empresas fueron reclamadas por sus trabajadores después de que sus propietarios hubieran desaparecido de la noche a la mañana, dejando atrás a trabajadores desempleados, montañas de deudas, fábricas desmanteladas de todo lo que podía llevarse — y, a menudo, acusaciones de evasión de impuestos y fraude.
Muchas de estas empresas están produciendo e incluso exportando de nuevo, después de que fueran tomadas por los trabajadores, a los que se les debía meses y a veces años de salarios atrasados.
La mayoría de los trabajadores formaron cooperativas, y las decisiones se toman en asambleas, mientras que reciben asesoramiento y apoyo de otras compañías bajo control de los trabajadores y de algunas instituciones del gobierno también.
Un fenómeno similar ha ocurrido en otros países de América Latina. Según el informe del Programa de la Facultad Abierta, hay 69 empresas “recuperadas” en Brasil, unas 30 en Uruguay, 20 en Paraguay y un número creciente en Venezuela. Los casos también están comenzando a verse en España, dice Ruggeri.
Muchos creían que cuando la economía creciera — creció a una media del 8.5 por ciento al año entre 2003 y 2008 — las empresas disminuirían gradualmente en número, y sólo unas pocas sobrevivirían en el tiempo, dice el estudio. Pero “nada puede estar más alejado de la realidad”, dice Ruggeri.
Incluso en tiempos de crecimiento económico, numerosas compañías cayeron en la bancarrota, a veces como parte de una estrategia orientada a capacitar a que el propietario comenzara de cero otra vez en otra parte. Pero a los trabajadores se les deja en la calle, y muchos ya no son lo bastante jóvenes como para ser reabsorbidos por el mercado laboral, señala.
“Las empresas recuperadas son una realidad laboral, económica y social que ha arraigado; están aquí para quedarse y continuarán creciendo”, dice el estudio. Aunque afrontan sus propias dificultades, tienen un enorme potencial, añade.
Un caso ilustrativo no relacionado con la crisis de 2002-2003 es que Global, una compañía que fabrica productos de latex — principalmente globos — se declaró en quiebra en 2004.
Un lunes por la mañana, los trabajadores aparecieron y se encontraron con el cartel de “cerrado hasta nueva orden.” Los vecinos les dijeron que camiones se habían estado llevando las cosas durante el fin de semana — los propietarios se habían llevado toda la maquinaria.
Docenas de empleados de la compañía se quedaban sin trabajo. Pero se las arreglaron para sobreponerse a muchas dificultades y reabrir el negocio, y para 2005, Global se había transformado en “La Nueva Esperanza”, una cooperativa con 32 miembros.
Uno de ellos es Domigo Palomeque, que ha trabajado 26 de sus 50 años de su vida en la fábrica de globos en las faldas de la capital Argentina. Pero ahora lo hace como miembro paritario en la cooperativa.
“Primero creamos la cooperativa, y luego recuperamos las máquinas que habían sido robadas,” explica Palomeque al IPS.
En la encuesta del equipo de investigadores universitarios, el problema más frecuente mencionado por las empresas es la falta de financiación para comprar materias primas y maquinaria o contratar trabajadores especializados. También citaron problemas para abrirse camino en el mercado.
La Nueva Esperanza no es una excepción. “El crédito”, dice Palomeque sin dudarlo cuando se le pregunta qué es lo que más necesita la empresa. “Tenemos que comprar máquinas automáticas, no reemplazar a la gente sino ser más competitivos”.
Los productos de la cooperativa compiten en desventaja en el mercado local de hoy con las importaciones baratas de Malasia o Singapur. “Nuestros productos solían ser más baratos, pero ya no es el caso”, dice.
A pesar de las dificultades, se las han arreglado para continuar vendiendo en el mercado doméstico, e incluso para exportar sus productos. Según el informe, el 15 por ciento de las empresas recuperadas exporan parte de su producción, y otro 60 por ciento tiene potencial para hacerlo.
La cooperativa La Nueva Esperanza encontró su propia forma por encima de ciertos obstáculos. “Es algo que inventamos nosotros mismos — vendemos a Brasil, Paraguay, Chile y Uruguay, pero no exportamos los productos nosotros mismos: nuestros clientes se registran en una dirección de una provincia argentina que haga frontera con sus países,” explica Palomeque.
Dice que no hay vuelta atrás. Al contrario, tiene ambiciones para la cooperativa. “Nuestra meta es conseguir nueva maquinaria, contratar nuevos trabajadores y seguir creciendo”.
Las empresas recuperadas varían en tamaño. El 75 por ciento emplean menos de 50 trabajadores, sólo unas pocas tienen más de 100 empleados, y sólo el 2,3 por ciento tienen más de 200.
El estudio pide políticas coherentes para apoyar las compañías. “El estado debería tener un papel más activo, pero actúa de una forma errática porque tiene una concepción errónea de que esto es un fenómeno transitorio”, dice Ruggeri.
“Debería reforzar estos negocios porque son unidades productivas que son crecientes fuentes de empleo genuino, que no es ni precario ni informal,” añade. “Son trabajadores que se han vuelto a levantar por sus propios medios.”
En los últimos años, el gobierno ha dado algunos pasos que han reforzado el negocio. A través del Ministerio de Trabajo, distribuyeron más de un millón de dólares en subsidios. Pero fue un acuerdo único. Sin un acceso firme a la financiación, las compañía recuperadas “están condenadas a andar en el umbral de la supervivencia”, concluye el informe.
http://www.ipsnews.net/news.asp?idnews=53488
Marcela Valente

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