11 sept 2009

Mujeres Libres (1936-1939): cuando florecieron las rosas de fuego (II)

Lo específico en las ideas de MM. LL.

El feminismo hispano anterior al nacimiento de MM. LL. era un movimiento que expresaba visiones y objetivos de sectores de clase media, con énfasis en el logro paulatino de los derechos políticos y en ir disminuyendo lo más absurdo de una tradición espiritual y jurídica misógina, ocupándose relativamente poco de la discriminación social, educativa y cultural que padecían las españolas obreras y campesinas. La aparición de este colectivo libertario marca una ruptura con esas limitadas experiencias previas, así como con el esfuerzo paralelo en el tiempo de comunistas, socialistas y falangistas de crear las secciones femeninas de los respectivos partidos, concebidas como meras correas de transmisión para llevar consignas y ordenes a un sector de la población para el que no se definían políticas específicas y que en lo esencial debía someterse a la dirección partidista, integrada siempre por varones, si acaso con alguna mujer que aceptara esa dominación de género. Al respecto, hasta el mismo nombre de Mujeres Libres enuncia una perspectiva teórico-práctica fundamentalmente distinta a lo que expresaba, por ejemplo, la Asociación de Mujeres Antifascistas controlada por el Partido Comunista, en cuya denominación ya se apunta que los objetivos específicamente femeninos son secundarios en la estrategia partidista de constituir – y controlar - un frente popular antifascista.

A pesar de la afluencia de activistas provenientes de las otras instancias del movimiento libertario (CNT, Federación Anarquista Ibérica - FAI - , Juventudes Libertarias, los ateneos libertarios), desde el principio MM. LL. funcionó de modo autónomo, sin subordinarse a ninguna de las estructuras previamente existentes, pues se consideraba que la organización separada permitiría una acción más eficaz en los temas que particularmente concernían a la mujer, ya que sólo con la acción femenina autogestionada se podría adquirir la confianza y capacidad para participar como iguales a los hombres en la tarea de construir un mundo mejor. Esto se explicaba así en la revista MUJERES LIBRES: "No luchamos contra los hombres, No pretendemos sustituir el dominio masculino por el femenino. Es necesario trabajar y luchar juntos pues sino nunca tendremos la revolución social. Pero necesitamos nuestra propia organización para luchar por nosotras mismas" [citado en Liaño y otras, 1999b: 18]. Esa misma autonomía se manifestó en las relaciones con otras organizaciones de mujeres del campo republicano, a las que repetidamente se tuvo que aclarar que MM. LL. no estaba dispuesta a limitar su acción en pro de transformar radicalmente la condición femenina, en aras de compromisos políticos coyunturales como el de la “unidad antifascista”.

MM. LL. compartía sin duda la estrategia anarcosindicalista de lucha de clases y la visión comunista libertaria de la CNT y la FAI[1], pero entendía que en ese marco cabía desarrollar sus objetivos organizacionales específicos, resumidos en dos consignas: capacitación y captación. Lo primero se refería al trabajo educativo, para ayudar a las mujeres obreras y campesinas a superar las enormes carencias de instrucción formal que padecían, lo cual era condición básica para acceder a lo segundo, pues las mujeres que se superaban a través de la educación podrían incorporarse y participar activamente en ese proceso de transformación social profunda impulsado por el movimiento libertario español en las áreas donde tenía predominio (particularmente en Cataluña y Aragón).

Como propuestas para modificar a corto plazo la situación femenina en España, los esfuerzos más insistentes de la Agrupación apuntaron a lo siguiente:

- Sobre el trabajo asalariado: La participación de la mujer era indispensable, porque en ello se fundaba la independencia económica femenina. Por las urgencias de la guerra civil se aceptó la incorporación masiva de las mujeres a laborar en las fábricas, pero MM. LL. no quería simplemente esa función de emergencia, pues propugnaba un derecho definitivo al trabajo. Para que ese derecho no fuese mera acumulación de cargas adicionales sobre las espaldas femeninas, propugnaban la instalación generalizada de comedores populares y guarderías, así como que las faenas hogareñas fuesen compartidas.

- Relaciones de pareja: Este aspecto lo vinculaban con la independencia económica, pues sin ésta no es posible construir el amor libre, que es la relación basada en la libertad para asumir conscientemente el acuerdo de compartir la existencia, y nada tiene que ver con esa caricatura de promiscuidad sexual sin compromiso que ha promovido como espantajo el conservadurismo religioso de entonces y de ahora. En tanto anarquistas, repudiaban el control y sanción institucional (estatal o eclesiástico) sobre las uniones, porque tal ingerencia refuerza el papel dominante de esas estructuras de poder, además de consolidar la desigualdad hombre-mujer en las relaciones interpersonales.

- Prostitución: Sobre este tema hicieron proposiciones originales. La consideraban como un resultado inherente al sistema capitalista y estaban en su contra, pero a favor de las prostitutas. Decían que no se podía acabar con la explotación sexual sólo con medidas policiales, pues ello supondría dejar sin trabajo a muchas mujeres. Plantearon que inicialmente debía existir una prostitución liberatoria, con exámenes y tratamientos médico-sicológicos, orientación y capacitación en trabajos sustitutos, ayuda moral y económica, que progresivamente llevasen a la desaparición de este "oficio".

- Educación infantil: siendo un asunto al que prestaron la mayor atención, sostenían que en las escuelas capitalistas se adquiría una mentalidad encasillada por los valores burgueses, por lo que era esencial que todos los involucrados diesen un giro total al proceso educativo, potenciando una escuela para la libertad a la que asistiesen juntos niñas y niños, iniciativa radical para la época en España. Además se reivindicaba la teoría y la experiencia de la pedagogía libertaria que desde el Siglo XIX se había asociado estrechamente con el movimiento anarquista[2].
- Familia: Criticaban la jerarquización autoritaria que imperaba en su seno y su sometimiento al poder paternal. En opinión de MM. LL., la mujer y los hijos carecían de todo derecho a expresarse dentro de la familia tradicional, siendo que el sistema capitalista utiliza esta institución para favorecer la propiedad privada y la sumisión a los poderes autoritarios, de modo que la estructura familiar debía transformarse radicalmente en términos de igualdad, libertad y solidaridad unidos con lo que se planteaba respecto a las relaciones de pareja.
- Educación sexual: Enfrentando al oscurantismo de raíz clerical que para entonces campeaba en la península ibérica, con tanta fuerza que era visible hasta entre quienes se consideraban “de izquierdas”, MM. LL. insistió en abrir canales para informar y discutir sobre la sexualidad, incluyendo temas para entonces tabú como los métodos anticonceptivos o el aborto, en tanto la consideraban un aspecto esencial de la vida humana, que debía ser conocido para ser transformado en el sentido más positivo para la felicidad individual y colectiva.

Es necesario apuntar que las ideas y la existencia misma de MM. LL. enfrentaron resistencias incluso dentro del ámbito libertario, donde a pesar de brindarse cierto apoyo económico, locales de funcionamiento y espacio en la prensa ácrata, no se quiso aceptar a la Agrupación como un organismo igual a la CNT, la FAI y las Juventudes. Cuando MM. LL. solicitó formal reconocimiento en un pleno nacional del movimiento libertario en octubre de 1938, se le respondió que “una organización femenina sería para el movimiento obrero un elemento de desunión y desigualdad, con consecuencias nefastas en el desarrollo futuro de la clase obrera.” [citado por Nash, 1975: 19]

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