18 abr 2009

Expo 08 seis meses después. Aviso para navegantes

Son muchas las ciudades obsesionadas con los macroeventos como forma de hacer “avanzar” diferentes procesos en la urbe. Siempre hay una buena excusa para montar una Expo, unas olimpiadas, una capitalidad de algo en una ciudad, que la haga rentable y atractiva. Incluso Zaragoza está apostando ya por un nuevo despropósito como es la expo Paisajes 2014, cuando aún resuenan los ecos de la Expo 2008. Pero ¿Qué ha quedado de esta Expo?

El 14 de marzo se cumplieron seis meses de la conclusión de la Expo 2008 de Zaragoza y no son pocos los asuntos que quedan pendientes en torno tanto a la conclusión del evento, como las cuentas finales o la gestión de lo que quede: la post-Expo.
Hasta el momento no hemos tenido sino un goteo de datos inconexos que dan la impresión, a nivel local, de que se trató de un exitazo, pero a fecha de hoy aún quedan un montón de cuestiones que no son para nada menores, como por ejemplo la realidad palmaria de que no se han facilitado todavía las cuentas definitivas. Sólo se dispone escuetos informes sobre una parte de las encomiendas de contrato, ni tan siquiera sobre el coste definitivo del recinto. Aunque se habla de un gasto total de 881 millones de euros, casi 150.000 millones de las antiguas pesetas, lo tenemos que dar por bueno y no encaja demasiado con algunos sobrecostes.
De momento habrá que esperar uno o dos años al informe del Tribunal de Cuentas.

En la práctica esto se traduce en que el nivel de endeudamiento de la ciudad de Zaragoza ha superado en varias ocasiones el máximo permitido, el 110%. A finales de 2008 Zaragoza es la ciudad más endeudada del Estado, sólo superada por Madrid. Nadie oculta que este endeudamiento se debe a la Expo y supone más de 1000 euros por habitante.
Esta deuda colosal ha hecho que se tengan que retrasar los pagos de varias facturas millonarias de los costes de la Expo por parte del Ayuntamiento. También quedan pendientes pagos de otras obras como el Parque del Agua, que por cierto aún no está concluido a fecha de hoy y que ha acumulado un sobrecoste de casi el doble. Asimismo el Ayuntamiento ha tenido que revender buena parte de su participación en la post-Expo quedándose con un escueto 2,5%. Participación que mayormente ha terminado por asumir el Estado central.

Tampoco sabemos aún el número de personas que entraron en la Expo, pues se nos sigue hablando de visitas. Pero sí sabemos que la mitad de las visitas fueron de los propios zaragozanos, así como que hubo miles de entradas que quedaron sin usar, sobre todo de los pases de tres días y que no fueron pocas las regaladas por los patrocinadores. La repercusión internacional fue casi nula. Por otra parte, teniendo en cuenta que el turismo en Zaragoza aumentó un 14% en 2008, con Expo y todo, hay que tomarse las cifras de asistencia como discretas, por no decir bajas. Por supuesto las previsiones de hasta 8 millones de visitas se quedaron larguísimas y la cifra real rondó los 5 millones y medio, aunque tuvo su truco, puesto que una persona con pase de temporada podía entrar hasta 90 veces y contaba como 90 visitas.

Respecto a las obras y el destino de las mismas habría que empezar por las que ni están terminadas, como las de urbanización del entorno del río Ebro que podrían retrasarse hasta 2010 o incluso 2011, tres años después de la Expo, llevándose la palma proyectos como el Balcón de san Lázaro, una inmensa explanada al lado del Ebro en la que todo Zaragoza se pregunta qué se está haciendo y cuyas obras empezaron por deteriorar restos arqueológicos. Otras, como el paseo del Agua, tienen un aspecto de provisionalidad, con vallas por en medio y basura acumulada.

Si miramos a varios de los proyectos "de acompañamiento" de la Expo, como la navegación del Ebro, comprobamos que han resultado un auténtico fiasco y un sumidero de dinero público.
El Azud del Ebro, que tuvo que pagar al 100% el Ayuntamiento por el capricho personal del alcalde, se ha revelado como inútil para lo que pretendía y los barquitos amenazan con ser deficitarios año tras año. Además se da por hecho que los agresivos dragados que se hicieron no sirven de un año para otro, como reconoció el propio Jerónimo Blasco, con lo que todos los años deberá dragarse el río.

A esto hay que añadir infraestructuras que parecen hechas de mantequilla, como embarcaderos que se lleva el río en una crecida normal u obras recién hechas, como el acueducto de la Expo, que tiene goteras.
Queda también el incierto destino de los edificios de propiedad privada, como la Torre del Agua o el Pabellón-Puente, realmente costosos de mantener y sin un objetivo definido hasta la fecha, salvo vagas ideas que provienen de sus propietarios: Ibercaja y la CAI. Otros proyectos, como el aparthotel del Parque del Agua quedaron paralizados a medio construir y la propuesta más “brillante” que tira adelante es el mini-golf y el spa de lujo. Otros negocios privados presentes en la Expo han dejado toda una serie de cuestiones colgando, como la denunciada estafa de TBZ, responsable de las tiendas Expo, que ha hecho quebrar a varias empresas aragonesas.

Mientras tanto hay una ciudad al lado de la Expo, que se llama Zaragoza, en la que decenas de proyectos sociales y medioambientales permanecen congelados. Curiosamente fue la propia Fundación Ecología y Desarrollo la que denunció las segundas. Acción Social y Juventud, por ejemplo han sufrido recortes cercanos a los 2 millones y el presupuesto total de la ciudad se ha rebajado en más de un 5%. Planes como el Integral del Casco Histórico empiezan 2009 con la mitad de presupuesto del año anterior. Barrios como Delicias se encuentran con actuaciones fundamentales para el barrio totalmente paradas y con una cicatriz que los separa del barrio de la Almozara.
Al mismo tiempo, varias de las obras que tenían que estar terminadas para la apertura de la Expo, muchas de ellas incluso útiles para la ciudad, permanecen paralizadas, sin fondos, como la urbanización del llamado Barrio del AVE, que incluye la descongestión del tráfico. Otras se han quedado en espejismos, como la Milla Digital o el metro. En cuanto a las de tipo decorativo, como el Club Náutico, se abrirán quizás en verano de 2009.

Queda aún la post-Expo, que pretendía presumir de gestión brillante, aunque parece revelarse como menos genial de lo que se esperaba.
De todos los edificios construidos sólo sigue funcionando el acuario fluvial, con éxito penoso, dado que tan apenas recibe unas decenas de visitas semanales.
La solución hasta la fecha para buena parte de los edificios de la Expo es que la propia Administración los recompre. Así pues, la DGA, que ya aportó una sustanciosa cantidad de dinero para el evento, volverá a soltar 100 millones de euros y se quedará con la cuarta parte del recinto. Otros pabellones, como el Faro, directamente se demuelen y son historia. Pero la demolición y reforma tampoco es gratis. Sólo los derribos de fachadas de los pabellones cuestan 3 millones de euros y toneladas de hormigón y acero están cayendo bajo la piqueta tras un breve uso de tres meses. De todos los pabellones sólo la llamada Plaza Temática Sed será reutilizada por el Ayuntamiento de Valladolid. Todo el efímero paraíso de cartón-piedra irá al container.

La post-Expo empieza con una nueva inversión de 240 millones, realizada a principios de marzo de 2009, lo que supone más endeudamiento público que sale de los bancos y que se espera cubrir con la venta de los edificios. Mientras tanto se hablan de plazos de hasta 10 años para que la totalidad de Ranillas esté ocupada de nuevo por empresas (Según declaraciones del propio Roque Gistau, presidente de Expoagua), aunque todo apunta a que una nueva inyección de inversión pública será lo que toque. El objetivo imposible era acabar el 2008 con el 70% vendido, pero actualmente hasta la cifra de diez años se antoja optimista.

Como apostilla nos queda recordar que esta Expo tenía incluso un tema, como era el Agua y Desarrollo Sostenible. La sostenibilidad de la Expo se ha quedado en meras declaraciones de intenciones, fuegos de artificio que no han conducido a ninguna parte, ya que ni tan siquiera se editaron las conclusiones del Foro del Agua y aún se adeudan los viajes a los asistentes a la semana temática sobre grandes presas en El Faro, por poner dos ejemplos de la voluntad que había en ese sentido.

Pero es que además la Expo trajo consigo el fin del soto de Ranillas, la reconversión al hormigón de lo que había sido un meandro vivo del río y ahora no es sino la muestra de un modelo de ciudad extensivo y agresivo que opta por el derroche de dinero público y sigue apoyándose en proyectos de nuevos macroeventos.

El sueño de la Expo se desvanecerá y bastante suerte tendremos con que no se convierta en pesadilla. Mientras tanto la Zaragoza “sostenible” seguirá con su crecimiento desbocado que ha hecho que su extensión se duplique en 15 años. Seguiremos en una ciudad que ha incrementado el coste de la vida, con sus carencias y con una realidad de dos velocidades en la que los grandes gastos y fastos van por un lado y las necesidades de l@s ciudadan@s de a pie, por otro.

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