25 ene 2010

Luz de luna. A propósito del Centenario y El Cabrero

Hace unas semanas y en un teatro de la capital como escenario, José Domínguez “El Cabrero” confirmaba con la fuerza de su cante la importancia histórica del acto. La central anarcosindical comenzaba así la conmemoración de sus cien años de vida. Una hora antes, militantes y simpatizantes de la CNT y sus ideas anarquistas, se agolpaban en las proximidades de la Gran Vía madrileña. En un ambiente de especial ilusión, compañeros venidos de multitud de puntos del estado hacían realidad los sueños históricos de los que vieron nacer esta propuesta de lucha.

Por su parte, El Cabrero otorgó al acto la fuerza necesaria para que aquella noche se clavara en la memoria de los presentes. La estremecedora canción “Luz de Luna” alumbró de nuevo el espíritu de quienes en la permanente decadencia del mundo actual deciden con firmeza conservar la dignidad y el derecho a rebelarse.

El reto de la CNT

El incuestionable legado de la anarcosindical se conserva hoy en cualesquiera de los derechos conquistados por el pueblo trabajador de este país, y negarlo supondría ser cómplice de las mayores campañas de descrédito a las que ha resistido esta organización. La jornada laboral de 8 horas y la semanal de 36 horas, las conquistas de libertad para la mujer o la erradicación del trabajo infantil, ponen a buen resguardo la efectividad y el potencial de este movimiento.

Fuertemente influenciada por otras ideas que escapaban del mundo laboral, la CNT supo con acierto trasmitir estas experiencias y propuestas de libertad. Así pues, en los corrillos de cenetistas de principios de siglo ya se debatía con ahínco sobre amor libre, antimilitarismo, naturismo, homosexualidad o ateísmo. Valores que comenzaban a calar en la sociedad del momento, teniendo a la CNT y otras organizaciones en lucha como correa de trasmisión de estas ideas. Aquellos trabajadores afirmaban que no habían construido aquella organización sólo para las necesidades inmediatas, sino que se trataba de una propuesta mundial de liberación, una idea que marcaría el ritmo de su existencia a lo largo de los años, pues el anarquismo ya era fuente de la que bebían los hombres y mujeres de la CNT.

Ahora, cien años después, esta organización trabaja con el mismo espíritu en aquella tarea, aún con todos los errores del pasado y del presente. En sus espaldas sufre sus propias contradicciones y divisiones, que no encontraron en esta organización la comprensión que la caracterizaba en otros momentos. Hechos que con el tiempo se pagaron muy caros, aún hoy por los nuevos militantes.

También la represión de la que ha sido objeto la centenaria recorre la historia como un fantasma, pues los patrones de hoy no han olvidado y hacen más de lo impensable por entorpecer el camino de la organización obrera. Ayer con pistolas y hoy con despidos, los poderosos se apresuran a expulsar las trasgresoras ideas de autogestión y transformación social, extirpando cualquier posibilidad de contacto entre éstas y los nuevos esclavos del sistema productor.

En definitiva, son éstas algunas de las luces y las sombras de la anarcosindical, que relatadas hoy brevemente se convierten en fiel reflejo del complicado reto que supone mantener en pie la idea y práctica diaria de una organización de iguales, bajo la estricta vigilancia de la horizontalidad y con dignas aspiraciones de cambio social.

Cuando la historia se convierte en arma de futuro

Acostumbrados en este país a la celebración de centenarios de equipos de fútbol, muertes de ilustres u otras efemérides acordes a los tiempos que corren, la llegada del 2010 y con él los cien años de la CNT, ponen sobre el tablero de la historia varias cuestiones que a buen seguro incomodarán a los de arriba.

La conmemoración del centenario debe de poner en entredicho la habitual marca de “pasado” que se aplica en otras celebraciones parecidas, pues muy coja quedaría la esencia del centenario si sólo de historia se tratara. Así pues, esta organización debe saber trasmitir en sus actos la excelente virtud de poseer un pasado en concordancia con el presente y el futuro. El espíritu que ayer guiaba las luchas obreras, lo sigue haciendo hoy en día en los sindicatos que conforman la confederación: las reivindicaciones de una inmediata mejora de vida, el interés por denunciar y superar los problemas generados por el capitalismo y el estado y el empeño por la emancipación humana, son los caminos por los que trota y hasta a veces galopa la CNT. Y los cientos de trabajadores de decenas de empresas que se acercan hoy a los locales sindicales con iguales o parecidas expectativas que sus antepasados, son la prueba de que esta conmemoración histórica está cargada de futuro

El 1 de Noviembre de 1910 y al auspicio de otras experiencias obreras de la época, se conformaba lo que pocos años después se convirtió en ejemplo y referencia del movimiento sindical español y europeo. Hoy, cien años después, los hombres y mujeres de la CNT guiados por la honestidad de sus propuestas, hacen realidad que la grieta siga abriéndose para que por ella se filtre la luz de luna que traiga el cambio

Carla del Valle - Invierno 2010

lahaine.org

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