
A las siete de la mañana del pasado martes 4 de Noviembre, la policía nacional antidisturbios, con un despliegue de fuerza desmedido, desalojó a nueve personas de la casa ocupada de la Palmera en el Cabanyal. Reventando las ventanas de la primera planta con mazos, lanzando gas lacrimógeno e incluso desenfundando sus pistolas sin razón alguna, levantaron a la gente de sus camas de la peor manera, llegando a golpear a algunos para luego esposarlos y dar paso a todo tipo de burlas. Habiendo regresado de la comisaría, apenas les dejaron recoger sus cosas, y prosiguieron con el derribo de la casa.
Nos vemos en la necesidad de escribir estas líneas porque creemos que el brutal despliegue policial pretendió servir como escarmiento ejemplificador para mostrar a los vecinos la fuerza con la que pueden ejecutar los desalojos y derribos afectados por el PEPRI -cuyas consecuencias serán, como muchos ya sabéis, la demolición de más de 1600 viviendas y la consiguiente deportación de sus habitantes-. Fue grande el asombro de muchas de las personas que presenciaron el desalojo, pero para quienes vivimos en el barrio, esto no es más que otro ejemplo de las actuaciones espectaculares y exageradas dirigidas por el Ayuntamiento de Valencia, como también fue el caso de la concentración vecinal frente a la sede de Cabanyal 2010 el pasado 14 de Mayo.
Durante estos años, el Ayuntamiento ha programado y desarrollado cuidadosamente un plan estratégico con el que ha logrado degradar el barrio, introduciendo y permitiendo la venta de droga, denegando los permisos de obra para la rehabilitación de las casas, consintiendo y promoviendo la ocupación ilegal de éstas, la falta de servicios de limpieza, derribando edificios para dejar solares llenos de mierda, etc. Y además, intentando por todos los medios dividir al vecindario entre propietarios y alquilados, afectados y no afectados, los que venden y los que serán expropiados, vecinos y okupas… para así reducir la posible oposición al plan y poder sacar la máxima tajada de él.
Este derribo no es ni el primero ni el último. Y, no nos engañemos: Esta casa es tan importante como cualquier otra de las afectadas por la Prolongación. Los vecinos de la Calle San Pedro están pendientes de ser expropiados en breves. El plan avanza y la vía legal ya prácticamente se ha agotado.
Pero no debemos dejarnos amedrentar. Ni sus intimidaciones ni sus amenazas deben socavar nuestra dignidad. Y para ello tenemos que mostrar nuestro rechazo de todas las maneras posibles, ante todo, saliendo a la calle como hacemos hoy los vecinos del Cabanyal.
¡Por nuestra dignidad!
¡Defendamos nuestro barrio!

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